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Una de las mejores cosas que una persona puede hacer por sí misma, al menos una vez en su vida, es tomarse unas vacaciones de solteros o un viaje en solitario. Muchas mujeres, especialmente las madres, sienten que despegarse de los hijos es un acto egoísta, a pesar de que son exactamente las personas que más lo necesitan y merecen. Viajar sola te da la oportunidad de relajarte, volver a conectar contigo misma, porque, seamos sinceros, ser esposa, hija, madre, hermana, y ejecutiva de negocios, puede hacer que pierdas el sentido de quién eres.

La verdad es que la programación de un viaje que coincida con los horarios y fechas libres de tu familia y luego encontrar un lugar donde todo el mundo quiere ir puede ser francamente imposible. Y, a veces, la idea de viajar con una persona de “alto mantenimiento”,  también puede convertir ese destino soñado en una pesadilla. El dicho budista dice: “Viaja sólo con tu igual o tu superior; si no los hay, viaja solo”. ¿Por qué no viajar a ese lugar que siempre has querido, tú sola? ¿Miedo a sentirte solitaria? No lo tengas. Viajar sola puede hacerse sin sentir esos sentimientos de soledad  y te obliga a crecer tanto espiritual como intelectualmente.

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Por un lado, te aleja de tus dramas propios y de los personajes que drenan energía en tu vida normal. Viajar sola te empuja hacia la interacción con personas con las que, de otro modo, no considerarías hablar en ningún otro momento y entorno. Ser una turista que viaja sola permite que tu psique se expanda sin las responsabilidades de tu vida normal. Elegir hablar, vestirte y comportarte de nuevas maneras, porque ya no tienes que contenerte por temor a ser juzgada,  ya que nunca verás de nuevo a las personas con las que te relacionas en el extranjero, es liberador.

Te cuento que muchos de los que han estado en vacaciones individuales, siempre dicen que el primer día es el más difícil. Pero que, después, se pone mejor cuando te das cuenta de que realmente puedes hacer lo que quieras sin tener que convencer a alguien para que te acompañe o esperar hasta que esté listo para salir o tener que escuchar sus impresiones (con las que no estás de acuerdo) acerca de tal pintura o templo. Muchos viajeros también citan la cena como la hora del día cuando más extrañan a sus amigos y familiares. Por lo tanto, asegúrate de hacer una reserva para uno en ese restaurante de cinco tenedores y llevar un libro, tu teléfono inteligente, y un cuaderno con que mantenerte ocupada todo tiempo.

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La gente de Lonely Planet, dice que una de las mejores cosas para vencer la bestia de la soledad cuando se viaja solo es hacer cita para tomar un café o una copa con antelación. Antes de salir, pregunta a tu red de amigos si conocen a alguien en la Ciudad de México, por ejemplo, que te puedan presentar a través de correo electrónico o Facebook. Los nativos son siempre las mejores maneras de obtener información privilegiada sobre dónde ir y, a menudo, te darán a conocer a más personas. Acepta todas las invitaciones (dentro de lo razonable, ¡por supuesto!), ese es también el camino a seguir cuando estás de viaje en solitario. Otro consejo es ir al centro de visitantes y recoger un mapa gratuito a tu llegada. Mientras estés allí, pregunta sobre excursiones a pie, clases de cocina, espectáculos y eventos locales. Caminar o andar en bicicleta por la ciudad en tu primer día también es inteligente, ya que te harás un mapa mental de dónde estás y te sentirás más segura al moverte por la ciudad por tu cuenta.

Viajar sola puede ser una aventura transformadora y gratificante. En este ensayo publicado en Refinery29, una mujer que viaja sola por Europa lo describe así: “Yo no había hablado con nadie en todo el día, pero no me sentía triste. En cambio, me sentía privilegiada de ser capaz de observar el mundo a mi alrededor y ser capaz de perderme totalmente en mí misma. Tuve la oportunidad de hacer lo que quería, cuando quería. Me sentía sola, sí, pero también estaba feliz”.